Obviamente son dos cosas diferentes, pero… ¿Sabéis la cantidad de gente que confunde el concepto de una cosa, con la cosa en si misma?

Os doy ejemplos como respuesta, y algunos pueden ser ejemplos duros y si cabe, un poco extremos:

  1. El cuerpo de una persona con anorexia, y el concepto de su propio cuerpo que tiene esa misma persona.
  2. La relación real de una pareja, la idea que tiene cada integrante de esa pareja de cómo es esa relación, en el presente y en futuro.
  3. La adicción a una sustancia tóxica, y la idea (o sensación) de “control” que esa persona tiene sobre esa sustancia tóxica.
  4. La situación económica y social de una nación y la idea de esa situación que cada ciudadano tiene.

En definitiva, la idea de algo es una representación mental de una situación o cosa del mundo real. Me atrevería a pronunciarme y declarar que “la idea de algo nunca podrá representar en su total forma, fondo, amplitud e intensidad, a ese algo”.
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Pero sin llegar a proclamas maximalistas, tener una representación fidedigna, o la mejor posible, del mundo que nos rodea, nos permite estar en mejores condiciones para evolucionar en este mundo.

Por eso la primera parte de un proceso de coaching, después de la definición y descubrimiento del objetivo, es el repaso a la visión que el cliente tiene sobre cómo percibe su situación, o dicho de otro modo, desde donde parte.

Habitualmente el análisis de la situación está basado en un grupo de estructuras mentales que en conjunto nos proporcionan un concepto, llamado en ocasiones, opinión.

Esas opiniones se basas en información que nos llegan por nuestros sentidos, pero también por información anterior que nos predisponen sobre ello; nos llegan también por nuestras emociones, y además todo ello elaborado por nuestras creencias (ideas preconcebidas), y por si fuera poco disponiendo una información sobre otras en base a nuestros valores.

Finalmente forjamos una opinión. Fijaros que digo forjar, como si las opiniones fueran de hierro. Y como tal, son duras y resistentes, y aguantan lo que les echen.

Y con esas opiniones vamos por el mundo, viviendo y administrando nuestras vidas.

¿Qué pasa si esas opiniones están alejadas de la realidad? Pues que las personas que las portan están en situación de desventaja para hacer una buena progresión en la vida.

¿Qué hacemos en un proceso de coaching para abordar estos casos? Pues lo que se hace con el hierro para darle la forma que queremos, se calientan y ablandan hasta que puedan ser modificadas. Bueno, en nuestro caso “calentar y ablandar” es revisarlas, ponerlas en cuestión, comprobar su validez, contrastarlas, filtrar y despejar, y finalmente rehacerlas para darle un uso más acorde con el objetivo pretendido.

El mapa no es el territorio